sábado, 27 de abril de 2019

Movilidad Erasmus+ a Islandia: Objetivos de la educación. La evaluación formativa. El valor del esfuerzo.

Escala de evaluación A a D
(Viene de la entrada anterior)

Sinceramente, los objetivos de la educación no me han sorprendido, ya que efectivamente están en nuestro marco normativo actual. Lo que sí me ha sorprendido es que ellos sí que están convencidos. Los contenidos, que claro que son necesarios, son una mera excusa para conseguir algo mucho más grande, que es el desarrollo de la persona en todas sus facetas. Estoy convencido, además, de que gran parte de la cultura islandesa, al igual que pasaba con la finlandesa está fuertemente impregnada de la religión luterana que fomenta el trabajo bien hecho y la perfección en el trabajo diario.

Dejando los contenidos aparte (que evidentemente hay que trabajarlos), lo principal como decía, es el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones, y esto engloba el alfabetismo, la sostenibilidad, salud y bienestar, democracia y derechos humanos, igualdad y creatividad, en cuanto a este último aspecto señalar que se toman la creatividad y el emprendimiento muy en serio.

La evaluación es formativa (como en Finlandia que sólo se dan notas por escrito una vez al finalizar el curso) porque lo importante no son las calificaciones obtenidas en las distintas pruebas, sino el feedback casi inmediato que se da a los alumnos para aprovechar el aspecto pedagógico de la evaluación como fuente de aprendizaje.

Esto lleva consigo a que el número de pruebas escritas es muy limitado, ¿para qué evaluar algo que se está continuamente evaluando? Tras haber hecho una evaluación formativa exhaustiva, el docente sabe perfectamente qué calificación tiene el alumno, sin necesidad de exámenes finales de cada materia.

Los criterios de evaluación están muy presentes.
Es más, los alumnos son conocedores en todo momento de qué criterios (en términos LOMCE) están trabajando y de qué se les va a evaluar, de hecho esto se visualiza en multitud de displays y pósters. Es significativo el hecho de que estos criterios están verbalizados en primera persona, Eg = yo).

En los últimos niveles tienen a su disposición varios carros de Chromebooks, al menos en el segundo colegio que visité, y trabajan como nosotros a través de Google for Education. Hablando con una de las profesoras me hablaba de lo útiles que son los comentarios en los documentos como forma de hacer la evaluación formativa. En eso, reconozco, que sí estamos nosotros preparados en mi colegio, y deberíamos fomentarlo aún mucho más.

Ahora mismo están introduciendo una evaluación formativa basada en una escala de cuatro tramos, A,B,C y D. Una de las profesoras de matemáticas nos enseñó muy gráfico muy fácilmente comprensible (y disponible para los alumnos) en donde la letra D venía ilustrada con un niños en bicicleta con ruedines, la letra C como un niño paseando en bicicleta, la letra B como un joven corriendo rápido con su bicicleta y la letra A como un joven haciendo piruetas mortales con su bicicleta sobre una plataforma.

Quería terminar este apartado hablando del valor del esfuerzo, algo que está muy integrado en su cultura. El gusto por el trabajo bien hecho es inculcado desde muy pequeños. Los profesores de los primeros ciclos de primaria tienen unas listas de asistencia muy visibles a los niños (están encima de la mesa) en donde literalmente colorean según una escala de colores cuál ha sido la actitud del alumno en el aula, entendiéndose la actitud en un sentido más amplio que el mero comportamiento (ayuda, colaboración, trabajo, participación, etc)...

También utilizan (eso sí, en toda la escuela) un sistema de corrección que subraya de verde aquello que debe ser mejorado y de rosa lo que está muy bien, de forma que sirve, por una parte para evaluar formativamente, y por otra parte para fomentar el trabajo bien hecho.

Otro aspecto que sirve para fomentar el trabajo bien hecho es la exposición del trabajo de los alumnos, los que cumplan un mínimo de calidad, con lo cual todos se esfuerzan desde pequeñitos en que su trabajo esté expuesto.

Y por último, utilizan un sistema de tokens (cupones) de forma circular, con el logo del colegio, y que los profesores (y personal de administración y servicios) van dando a los alumnos que van destacando por su trabajo bien hecho, su buen comportamiento, el uso de fórmulas de cortesía, etc… Los cupones no son considerados como un premio a la persona, sino que al llegar al aula son depositados en un recipiente de plástico visible a todos los alumnos. Es decir, es un premio para el grupo-clase, con lo cual, cada cierto tiempo, se contabilizan estos tokens y la clase entera recibe un premio (un helado de postre, una salida excepcional al parque, etc). Es una forma de visualizar los buenos comportamientos y de que los que no lo consiguen, hagan por hacerlo, ya que al llegar el alumno con su preciado premio, tiene los profesores le pregunta por qué lo han conseguido de forma que todos se enteran.

Continuará en una próxima entrada
(Viene de la entrada anterior)